MIS VIAJES III

Parada técnica en el pantano antes de llegar a Sallent de Gállego (Huesca). Julio. 2.009. (Foto: E. Mateo).



El pueblo. Sallent de Gállego (Huesca). Julio 2.009.





El Pantano de Lanuza. Sallent de Gállego (Huesca). Julio 2.009. (Foto: E. Mateo).




Una calle típica. Sallent de Gállego (Huesca). Julio 2.009.


El río. Sallent de Gállego (Huesca). Julio 2.009.



La exposición-intervención. Sallent de Gállego (Huesca). Julio 2.009. (Foto: E. Mateo).


Hace días que realizé este viaje en compañía de mi amigo Eugenio Mateo a Sallent de Gállego, y por diversos motivos personales se fue retrasando la narración del relato de este maravilloso e inolvidable viaje al Pirineo Aragonés.

El motivo principal de este viaje fue ir a la inauguración de la exposición-intervención de Arrudi "Intercambiador de Signos. El Paisaje Sumergido" montada en los locales del ayuntamiento de esta localidad montañesa.

Nos salió un día ideal para viajar con mucho sol y un poquito de calor, sin ser excesivo aun...

Comimos por el camino en un restaurante acogedor donde dimos buena cuenta a las viandas que nos sirvieron, entre ellas recuerdo deleite, un suculento entrecot poco echo que hizo las delicias de nuestros paladares exigentes de dos sibaritas redomados en el arte culinario, acompañado por un vino tinto que ahora no recuerdo lamentablemente la marca pero que me dejó un buen sabor de boca, francamente exquisito.

Al cabo de un tiempo y después de tomar un buen café con hielo -comimos sin prisas disfrutando de la conversación-, retomamos el camino. A esa hora del día la temperatura en la calle ya había subido unos grados, y el calor era ya de justicia. Nos cobijamos raudos en el interior del flamante mercedes de mi amigo y el aire acondicionado a los pocos segundos nos hizo olvidar la que estaba cayendo fuera del vehículo. Los kilómetros se fueron sucediendo apaciblemente por la excelente calzada de la carretera que nos fue adentrando poco a poco en el explendor agreste del paisaje, ya casi olvidado por mi -hacía mucho tiempo que no circulaba por estos parajes.

Hicimos una parada técnica en el pantano de Lanuza, para estirar las piernas y hacer otras necesidades perentorias de carácter personal y pude contemplar mudo de emoción, la magnitud de la grandeza del paisaje del entorno, la exuberante vegetación apabullando mis sentidos, los ricos aromas perdidos de antaño y ahora felizmente reencontrados, las altas y rocosas montañas desafiando el firmamento de un color azul intenso, con la compañía de alguna solitaria y caprichosa nube perdida en el horizonte infinito, la extensa y cromática paleta de colores esparcida sabiamente por el idílico paisaje que ahora me rodeaba cautivo y me embriagaba lo mas hondo de mi ser...

Llegamos sin contratiempos al pueblo y aparcamos el auto en una céntrica plaza, cerca del ayuntamiento. Por una empinada calle acompañé a Maese Mateo -como me gusta llamar a mi buen amigo- hasta el edificio donde albergaba la exposición-intervención de nuestro común amigo Arrudi.
Me despedí de mi amigo en busca de una tienda de ropa donde comprar algo de abrigo, pues a esa hora -las seis de la tarde hacía fresco de verdad- y con el paso de las horas haría frío, en la montaña ya se sabe hay que ir bien equipado y yo con los nervios del viaje me había olvidado la sudadera en casa. Me adentré por unas empedradas callejuelas donde corrían alegremente en sus bicicletas unos niños, que estaban justo detrás del vetusto edificio del ayuntamiento y al poco rato de caminar por una empinada calle encontré una bonita tienda de ropa. Del local salí enfundado en una cómoda sudadera al tacto muy suave de un color rojo intenso y ya mejor abrigado y entrando en calor, decidí hacer turismo por el pueblo antes de ir a la inauguración. Tenía por delante una hora y media de libertad de movimientos y la quería aprovechar para hacer unas fotografías de los magníficos paisajes que me desafiaban con su grandeza y de las edificaciones típicas de esta zona pirenaica de Aragón, construidos en piedra e inclinados tejados de negra pizarra.
El tiempo efímero y cruel, se me escapó entre las manos como si fuese agua clara y cristalina de manantial de invierno y con los ojos aun ebrios cargados por mil imágenes volví flotando envuelto en una nube de ensueño de paz y felicidad nunca antes sentido por mí de forma tan real y física, o por lo menos en esos momentos de euforia no recordaba haber vivido unos instantes tan intensos de loca felicidad. Dentro del edificio -después de asearme-, me encaminé hacia al bar y allí ya se encontraban reunidos en torno una mesa Mariela García Vives -Presidenta de Asociación de Artistas Goya-, la conferenciante Mª. Luisa Grao Tello, otras personas que no conocía y mi querido amigo. Después de las consabidas presentaciones de rigor y salvada la etiqueta, nos tomamos una cerveza que a mí personalmente me supo a gloria, ya que tenía sed por el ejercicio realizado en mi gira turística local.

A los pocos minutos pasamos a la Sala de Exposiciones donde se hallaba reunido un nutrido y selecto grupo de amigos del artista, venidos de distintos sitios de la geografía española e incluso de Alemania para ver in situ la instalacción propuesta por el artista.

El acto empezó con la presentación de la obra expuesta y la larga trayectoria artística de Arrudi a cargo de Mariela -la "presi" como me gusta llamarla cariñosamente-. Le siguió la conferenciente Mª Luisa, que glosó la obra de este artista nacido en esta localidad, que en estas fechas vive en un "refugio" situado a mil metros de altura sobre el nivel del pueblo. Se accede por una tortuosa pista forestal en plena montaña con unas vistas increibles... A continuación mas destendidamente, se tomó un vino -moscatel-, que calentó los ánimos de los allí congregados, pues el frescor del Pirineo se dejaba notar hacía ya un tiempo. Entre los asistentes, estaba como no, el alcalde y algunas de las autoridades vivas del lugar. Comentamos con el señor alcalde, la necesidad de dotar a la localidad de un sitio estable expositivo, dada la importancia y fama del pueblo por sus "Festivales Musicales" tanto a nivel nacional como internacional. Estubo receptivo ante la propuesta cultural lanzada por la "presi" y se quedó en que le mandara un proyecto de viabilidad. Los minutos, las horas fueron pasando y llegó la hora de cerrar la exposición y se tomó la decisión de ir a tomar algo de comer a un bar cercano.
En la calle ya anochecido el día, con las luces melancólicas de las farolas reflejadas en las fachadas de los edificios de piedra, el frescor de la noche se hizo patente en el escenario mágico de la noche con sus sombras y siluetas defuminadas por la impenetrable obscuridad...

Comimos algo y bebimos el vino tinto del que beben los lugareños -de Almonacid de la Sierra-, que al subirlo a tal altura tomaba otras texturas y sabores mas intensos, una delicia para los sentidos y el corazón.

Con pena en el alma, llegó la inevitable hora de la despedida y dejamos sumido en sus pensamientos a Arrudi, y una brizna de tristeza recorrió por unos instantes su duro rostro quemado por el sol y el aire montañés, dejando al descubierto su gran humanidad.

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