viernes, 6 de noviembre de 2009

PERDIDOS EN LA NOCHE

"Y, el Sueño". Zaragoza. Noviembre 2.009. Foto: J. Pacheco.


¡Una llamada en el móvil me despierta de mi letargo mañanero rebelde!...

El reloj digital de la mesilla de noche marca las 10 de la mañana y tiemblo de rabia quien puede ser el despiadado sin alma que llama ha estas horas tan sublimes.

Es un amigo, me llama por temas de trabajo urgente...

-¡Se jodió mi sueño dorado con mi querida y vieja almohada -exclamo dolorido!...

Me levanto raudo al trabajo, dormido aun por mil sueños de amores perdidos en el espacio vacío de mi pasillo.

Enciendo el ordenador y enciendo mi primer pitillo.

La cabeza me da vueltas, pues aun estoy dormido, despertando a golpes de martillo de otros mundos paralelos a la realidad cotidiana que me espera salvaje a la vuelta de la esquina de mi soledad perdida.

Me pongo de mala gana a trabajar y pienso en mis "sueños dorados" aun adormecidos en mi mente, de sábanas calientes que aun me arropan con su abrazo materno y se niegan a despertar a la realidad cruel del nuevo día.

Pasa rápido la mañana agobiada de urgencias desmedidas, de tecnicismos alocados y otras fruslerías.

Decido ir a comer, necesito un descanso con mi estómago moribundo necesitado de viandas y placeres mundanos.

Como despacio saboreando con deleite mis platos preferidos. Miro la caja vacía de la hipocresía mundana, llenas de imágenes y sueños de papel cuché.

Reconfortado espiritualmente y físicamente toma la sabia decisión de hecharme una larga siesta, pero eso sí, tomando la precuación de apagar y desconectar todos los artefactos de comunicación parlantes.

Ya anochecido, me despierto lentamente de mi reconfortante sueño. Me tomo mi tiempo para irme haciendo a la idea que tengo que salir a la calle pues he quedado con unas amigas...

-Mujeres, sexo y rock and roll! -chillo contento camino de mi aseo integral.

Me preparo una frugal cena mediterránea y mientras como pienso en mi plan de ataque de esa noche: nada puede fallar - me digo a mi mil veces.

Expulsado violentamente del cobijo de mi querida hause, salgo a la fría y húmeda noche, encaminándome a mi destino -oliendo a hormonas perfumadas.

Lloviznea suavemente y no hace demasiado frío, el suelo esta mojado, un aura de melancolía impregna las luces doradas de la noche, que se reflejan en los mil charcos de agua que yo piso.

Entro en el bar de la cita y el local está atestado de gente y decibelios musicales orteras.

A la media hora de estar en este sitio tan agobiante de personas descerebradas, recibo un mensaje de texto en mi móvil 3G. Están en otra zona de la ciudad -"el casco"-, que detesto con toda mi alma y me digo trismente apenado: "se jodió el plan"...

Me pido un pelotazo bien cargado de whisky para consolar mi abatimento. Tomando un largo sorbo del dulzón nectar de los dioses, decido no ir al encuentro, la suerte esta echada y he perdido. Sigo recibiendo apremiantes mensajes de texto de las ladies. Les comunico donde me encuentro y al "antro humano" que ire mas tarde. Ahora les toca a ellas mover ficha.

Al rato llegan al bar unos amigos y me uno a su agradable tertulia. Las horas pasan y me encamino rápido un tanto achispado por el alcohol, al que espero sea el último bar de la noche, mi cuerpo ya no puede con tanta juerga y desmadre, me hago mayor.

Los mil decibelios de rock y una niebla de humo muy espesa me recibe al entrar en este submundo de vampiros de la noche. Encuentro un lugar donde poder respirar tranquilo sin los empujones de marea humana concentrada a estas horas de la madrugada.


CONTINUARA....